Las prácticas ilegales de Glovo en Madrid

La falta de control a estas empresas provoca que algunos repartidores saquen beneficio de otros recién llegados

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Las prácticas ilegales de Glovo en Madrid

Te informamos de las prácticas ilegales de Glovo en Madrid a través del alquiler de licencias

Cuando realiza un pedido a través de Glovo, tiene un repartidor asignado para que lo lleve a su domicilio, pero a veces pasa que el que llega es otro.

Aunque parezca que no tiene importancia, resulta que esto esconde un tráfico ilegal de licencias entre los riders que trabajan a diario para Glovo.

El que dispone de pasaporte Europeo alquila su licencia al que llega nuevo y le paga un 30% de lo que ingresa.

Esto puede ser algo nuevo en Madrid, pero no así en otros lugares como Reino Unido, donde estas prácticas entre los repartidores de Deliveroo y Uber Eats se vienen realizando desde algún tiempo.

Entre los riders aseguran que las licencias de Glovo dejaron de asignarse desde noviembre del año pasado por la gran demanda. Los dueños de las cuentas son en su mayoría venezolanos que obtuvieron las licencias hace dos años y ahora las alquilan a recién llegados.

Los Fondos Buitre

La compañía Glovo fue fundada por Óscar Pierre, es una de las que más atención ha recibido de los inversores. Sin embargo, intentan hacer equilibrios sobre las denuncias de precariedad.

En septiembre del año pasado, Glovo recaudó 30 millones de inversión de fondos extranjeros que se sumaron a los 7 que ya tenía de inversores españoles:

De Seaya (el fondo de Beatriz González, la hija del presidente de BBVA), dinero público de ENISA y el Instituto Catalán de Finanzas y varios ‘business angels’ del sector.

Entre ellos, los fundadores de Wallapop (Miguel Vicente y Gerard Olivé), los de Tuenti (Zaryn Dentzel y Félix Ruiz) y Bernardo Hernández (uno de los primeros inversores de Idealista).

El sistema de Glovo fomenta este esquema de subcontratación irregular, que la mayoría de repartidores consultados reconocen como habitual:

Cada uno tiene una puntuación que sube o baja según su rendimiento y puntúa mejor las horas con más demanda. Si uno no quiere perder puntos, deja (altruistamente) o alquila (a cambio de comisión) su cuenta para que otros le cubran. 

«El problema no es solo que la empresa defraude a través de falsos autónomos, es que abre la puerta a un abanico de precariedad inimaginable: repartidores irregulares que no pueden defenderse legalmente».

Las prácticas ilegales de Glovo en Madrid

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